Seguridad vial laboral:

¿Formación en conducción
sin formación en cultura de seguridad?

Seis falsos mitos de los conductores

Los diferentes formas de comportamiento en los conductores no dependen de si se trata de conductor es un ejecutivo, un comercial, un ingeniero, un peón de obra, un acaudalado o un jubilado.

En el tráfico, la aptitud, la actitud y el comportamiento no es cuestión de galones, ni de clase social, pero sí lo es de la educación, que no nivel cultural, de cada persona, de la capacidad de controlar sus emociones más básicas, del respeto a las normas y, sobre todo, del respeto a sus semejantes.

Razones básicas, pero estas son las que se ponen de manifiesto en las sesiones de formación a las que asisten conductores de clase y condición muy heterogéneos, y donde muestran creencias y comportamientos que justifican muchos de los accidentes de tráfico, destaco:

  • Coche cuanto más grande, más seguro
    Creen que cuanto más grande es el automóvil menor es el riesgo de resultar con graves lesiones en caso de accidente.  

  • La señalización no es fiable
    Apenas conceden credibilidad a la actual señalización vial (aunque afirman “respetarla”), y muy especialmente a la de limitación de velocidad en autopistas y autovías. Con frecuencia se argumenta: el límite de 120 km/h en autopista no debería ser igual para un automóvil de hace 15 años que aquel otro automóvil recién lanzado al mercado con las más eficaces medidas de seguridad. Pero el 80% de los muertos son en carretera convencional.

  • El alcohol, mientras no de positivo
    Preocupación por el alcohol: “bebo, pero no sé con cuanto daré positivo”. El límite legal no es un límite seguro.
  • El GPS, imprescindible en el coche
    El uso de navegadores GPS se justifica tanto por su función de indicar el camino a seguir hasta un destino desconocido, como por la utilidad de recibir el aviso de la posible ubicación de un radar, tramo de control de velocidad, etc. 
  • El móvil, me permite recuperar tiempo conduciendo
    El uso del teléfono móvil, con o sin sistema de manos libres, se realiza sin discriminación de la duración o del tema de la conversación. Queda justificado por: también podría distraerme conducir hablando con el acompañante, o ir pensando en mis cosas”. 
  • Conducir no me cansa
    ¿Para qué parar cada dos horas o dos horas y media, cuando no me siento cansado? Fatiga, somnolencia y cansancio son conceptos no diferenciados, y por lo tanto iguales en su tratamiento.

 

Cinco errores de las empresas

Trasladándonos al plano empresarial, se observa una creciente preocupación en la prevención de los accidentes laborales, y, entre estos, los de tráfico empiezan a cobrar protagonismo.

Se tiene presente el hecho de que el 40% de los accidentes de tráfico con víctimas mortales son accidentes laborales. Esta preocupación y este hecho, el empresario lo traduce en aportación de recursos humanos y económicos, muchos de ellos en formación, y es justo durante la interacción del formador con los asistentes cuando con frecuencia estos últimos manifiestan o dejan entrever:

 

  • No se han evaluado adecuadamente los riesgos laborales específicos de los conductores.
  • No se dispone de normativa interna orientada a la prevención
    de los accidentes de tráfico.
    A veces hay una norma, pero es insuficiente o no es la adecuada o los propios conductores no creen en ella y no la aplican.
  • Casi nunca la normativa interna se aplica a la prevención
    de los accidentes laborales de tráfico “in itinere”.
  • La organización del trabajo no es lo suficientemente flexible. 
    Lo que impide que los conductores puedan aplicar algunas de las medidas indicadas durante la formación para la eliminación de los riesgos producidos por la fatiga, la somnolencia, el cansancio, la utilización de los móviles, etc. 
  • En la ejecución de la tarea, se asumen riesgos conocido pero no controlados.


Con exposición simple pero clara ya tenemos identificados seis falsas creencias del conductor y seis fallos en la gestión de riesgos laborales de tráfico, pero aún no hemos llegado a los verdaderos fallos del sistema. 

 

 

El origen de estos fallos y de estas falsas creencias

  • Falta de técnicos especializados en las empresas
    No es habitual que las empresas dispongan de una persona con formación específica en la gestión de los riesgos de seguridad vial o en el transporte. 
  • No se asesora correctamente o no se dejan asesorar
    Quizás por ello, ni las gerencias ni los servicios de prevención estarían siendo correctamente asesoradas para el desarrollo e implantación de un sistema eficaz de prevención de accidentes laborales de tráfico, que incluya un eficiente esquema de formación y entrenamiento de conductores. 

    El desarrollo del plan de gestión de los riesgos de seguridad vial es responsabilidad del empresario y del Servicio de Prevención, pero la selección y organización de la formación suele caer en Recursos Humanos, donde la formación en seguridad vial y la de idiomas recibe el mismo tratamiento. Ambas formaciones son muy necesarias, pero el riesgo de accidente con consecuencias impredecibles está en el tráfico. La voluntad de hacerlo bien es necesaria, pero hay que disponer del conocimiento preciso. 
  • Selección del tipo de formación
    Nos sobrecoge comprobar que algunas de las razones por las que finalmente se decide una u otra formación de conductores se condiciona al tiempo requerido y al costo de la formación.

    La eficacia de la formación queda supuesta, aunque de inicio la decisión de la formación haya sido inadecuada. Con frecuencia el resultado se puede predecir; con el modelo de formación seleccionada, los asistentes no retendrán más de un 30 – 50% del contenido de toda la formación (Ver el Cono del Aprendizaje de E. Dale). 




En lo anterior, se identifican causas básicas asociadas a un diseño inadecuado del programa de entrenamiento. 

En conversaciones con gerentes, estos muestran de manera honesta y sincera su preocupación por la seguridad de sus empleados pero dejan entrever un mal asesoramiento. Consideran que contratando la mejor formación en conducción a su alcance lograrán mejorar la concienciación al tiempo que una mejor prevención de accidentes laborales de tráfico. Y esta consideración podría resultarles incierta.

Para hacerla cierta la empresa tiene que disponer de un fuerte y coherente sistema de gestión de los riesgos a prevenir, y de una cultura corporativa de seguridad que se comparta entre los individuos y grupos de la empresa, y que haga de la misma su forma de interaccionar y comportarse en el entorno de la organización y concordancia con sus objetivos y metas.

Sin cultura corporativa, ningún sistema de gestión permanecerá el tiempo suficiente para tener éxito. La eficacia de la formación será efímera.

 

La solución está en manos de la empresa

Finalizamos nuestro análisis indicando que muy probablemente los fallos en el sistema de prevención de riesgos laborales de tráfico se puedan solucionar con:
 

  • Liderazgo y visibilidad por parte de la dirección
  • Una adecuada evaluación y gestión de los riesgos específicos de la conducción, 
    no vale la estándar del Servicio de Prevención.
  • Implantar un sistema de gestión de los comportamientos seguros en la conducción,
    basado en una buena formación.

 

Una buena formación ayuda

Y a pesar de todo lo anterior, aún queda por analizar el papel del formador. Tampoco todos los formadores son iguales. Hay empresas de formación con capacidad de captación de clientes, un buen marketing, sin ninguna metodología, ni medios materiales ni humanos. El compromiso con el resultado alcanzado exige algo más.

Creemos que el proceso de selección de la empresa formadora debería ser efectuado con rigor, siguiendo un protocolo estandarizado de selección, que asegure que los formadores disponen de la preparación teórica y práctica actualizada y ajustada al objetivo a alcanzar. Aunque pueda parecer extraño, hay empresas y formadores que vienen ofreciendo la misma formación desde hace años. Como podría decirse, se mantienen jóvenes, por ellos no pasa el tiempo.

 

Pero sin Cultura de Seguridad Vial, la formación nunca es suficiente.

En resumen: la formación y el entrenamiento son claves para superar el hándicap que suponen las falsas creencias y los comportamientos inseguros presentes en muchos conductores, y ayudará a reducir la siniestralidad laboral del tráfico, pero apenas logrará la eficacia esperada si no hay un sistema de gestión de riesgos laborales que disponga de una norma escrita, aprobada y conocida por todos, cuyo objetivo sea el control de un riesgo evaluado. 

La existencia y cumplimiento de las normas por parte de los empleados constituirá la cultura de seguridad de la empresa, y, alcanzado un alto nivel de cultura, el control en el seguimiento de las normas apenas será necesario. 

Sin cultura de seguridad ningún sistema de prevención alcanzará el éxito, el resultado de la formación será efímero. La creación de una cultura de seguridad es responsabilidad de la dirección.

Confiamos en que estas reflexiones den como resultado mejoras en los sistemas de prevención de accidentes laborales en tráfico. 

No dude en contactarnos si cree que podríamos serles de ayuda.