Comodidad vs. felicidad

Tan acostumbrados estamos a nuestras rutinas y a nuestros hábitos que caemos en errores absurdos como querer mejorar pero sin hacer ningún cambio real en nuestro día a día. 

 

Por ejemplo, líderes que, cuando conocen los programas de comportamientos, el BBS industrial, se enamoran de él, y de palabras tan bonitas asociadas a ellos como “comunicación efectiva”, “visión positiva”, “participación global en la gestión”… 

Vale, eso es normal, es un flechazo esperable, todos querríamos eso. Vamos al siguiente paso, vamos a implementar las herramientas: observaciones del comportamiento, contactos y participación.

Ya se va complicando la cosa. Pero aún no hago prácticamente nada nuevo en mi día a día, salvo medir más indicadores (ya tenía muchos, da igual), rellenar más papeles (que también se pierden en el montón), y con suerte alguna reunión más, de otras mil, así que ok. Entonces vienen estos de Prevensis y me dicen que aún no tengo desarrollada mi estrategia, ni global ni particular como líder ¿Ehh? Y además eso se traduce en acciones y análisis muy tangibles y concretos… que no hago. Eso ya no me gusta tanto. 

 

Un intento inconsciente de resistencia al cambio

Es comprensible una primera reacción defensiva. Pero entonces debo demostrar que de verdad soy un líder, darme cuenta de lo que me está pasando y saltar. Saltar del título “Director de” a mi rol de líder de mis compañeros. Saltar de mi zona cómoda o de confort, que ya todos sabemos lo que es, a la zona de riesgo, donde me tambaleo, donde tengo que dejar atrás ciertas costumbres y patrones para abrazar unos nuevos. No es fácil. ¿Y quién te dijo que era fácil ser un buen líder? No lo es. No es fácil implementar un programa de comportamientos. Pero es más fácil que ser un mal líder, y más fácil que no trabajar comportamientos.

Porque un líder eficaz centrado en las personas y en los comportamientos, con una estrategia y unas herramientas adecuadas, consigue que todos remen en su dirección, hace equipo, y eso convierte la seguridad en algo que de verdad es de todos, que es agradable y que facilita el resto de procesos de la empresa. 

No es una utopía. No es imposible. Lo que sí lo es, es pretender llegar a eso sólo midiendo, rellenando papeles y sin ningún cambio de fondo. Es lógico, ¿no?

 

Un esfuerzo inevitable. Pero rentable.

Me pueden dar las guías, las pautas, la formación… pero nadie aprueba un examen por comprar los textos e ir a una escuela. Hay que estudiar y practicar. Hay que entender las herramientas y cambiar mis formas y mis contenidos según me enseñan, tengo que aprender. Porque nadie puede dar lo que no se tiene dentro.

Pero, ¿merece la pena? Volvamos al principio: “comunicación efectiva”, “seguridad positiva”, “participación general en la gestión”… No son sólo palabras, pueden ser una realidad, un día a día y una visión que salve vidas, mejore el rendimiento y mejore el ambiente de trabajo. Depende de ti.  ¿Quieres o no?

Disfrutar de la comodidad en cierta medida es importante para tu bienestar y tu crecimiento. Pero rápidamente se puede convertir en una droga que debilita tu cuerpo y tu mente, mata tu creatividad y te hace estático y poco flexible. El apego al confort se traduce en vaguería, aburrimiento y apatía. Cuando nos aferramos a la comodidad, cualquier motivación para conseguir una transformación profunda se agota. Y además, nos hacemos menos resilientes ante la adversidad. Toleramos peor las frustraciones.

Como si no fuera bastante, cuanto más nos acostumbramos a estar cómodos, más fácil es que nos sintamos incómodos. Nuestro umbral de tolerancia es realmente bajo, y nos sentimos sobrepasados con poca cosa.

La felicidad no tiene que ver con sentirnos seguros, sino con el crecimiento personal, la paz interior y el desarrollo de nuestro potencial. Pues bien, los programas de comportamientos son la felicidad en seguridad. 

Sí, sin duda merece la pena.
Sé un buen líder. Salta.
El programa de comportamientos seguros es tu red.